El señor Director: Ocho meses de destrucción

Llegó a la Biblioteca General un 8 de enero de 2008 de la mano de la decana con su camarita digital en un bolsillo y su laptop debajo del brazo. Lo impusieron a la cañona, con mano libre para hacer lo que quisiera y parece que le dieron como encomienda destruir la Biblioteca.

Su carta de presentación frente al personal no-docente fue: “yo vengo a poner a trabajar a los docentes” y ante el personal docente: “si no me dan los 500,000 dólares de la cuota de tecnología que me prometió el Rector, renuncio al otro día”. Que falta de compromiso con la Biblioteca demostró de entrada el señor director. 

Cada día que pasa, sus malas decisiones nos hace recordar aquella frase sabia de nuestros antepasados que decía: “zapatero a su zapato”. Que devastador está resultando la imposición de  una persona como director de la biblioteca sin la debida preparación en bibliotecología. Un director que de entrada, para no trabajar con ciertos miembros de la administración, cambió el organigrama sin consultar a nadie, con el único propósito de eliminar de un plumazo a los miembros del personal que  no quería en su “staff”. Se le olvidó al señor director que en casos como esos es más elegante pedir la renuncia y no quedar como un cobarde.

El señor director no conoce términos tan elementales de administración como colaboración, trabajo en equipo y ni hablar de planificación estratégica. Todavía después de 8 meses en el cargo, sus empleados están esperando conocer su plan estratégico. Pero no se confundan, no están esperando a Alicia en el país de las maravillas que fue lo que les pretendió presentar ante el reclamo del personal por conocer su plan. Desconoce el señor director que el personal  bibliotecario está acostumbrado a la  planificación y no a la improvisación. 

Sus destrezas de comunicación, reconocido por él mismo son pésimas y sus relaciones interpersonales son tan deficientes y tan graves que cuando dice digo dice dijo y cuando dice dijo no se sabe si dijo dicen. No  consulta al personal e impone su criterio sin medir las consecuencias de sus errores, parece que piensa que con la destrucción y el mollero cumplirá con su encomienda.

Poca calidad administrativa ha demostrado el señor director. Quien lo viera y quien lo vio. Comenzó eliminando el sistema de seguridad de la entrada de la Biblioteca en claro menoscabo de su responsabilidad de preservar y mantener  la colección. Se le olvido que los recursos se compran con fondos públicos y que las bibliotecas son auditables, nos preguntamos ¿qué pensara el contralor de que en la biblioteca se regalan los libros? No se preocupen, pronto lo sabrán. Señor director, le recordamos que la conservación y preservación de los recursos en las bibliotecas es lo que permite a futuras generaciones utilizar esas fuentes de información.

Como si administrar se tratara de regalar, el señor director regaló sin consultar a nadie el área de Tecnología Educativa de la Biblioteca General, si los regaló. Regaló los 15 empleados con sus plazas y presupuesto, regaló el equipo recién adquirido por la Biblioteca con la cuota de tecnología y desarticuló un área que siempre tuvo gran demanda de sus servicios. No que era tan tecnológico el señor director.

Ante la solicitud de un ilustrador por el director de la imprenta del Recinto, el señor director regaló el Departamento de Encuadernación de la Biblioteca General. Regaló sus 3 empleados, sus 3 plazas, presupuesto, materiales y equipo. Ahora la Biblioteca tendrá que pagar porque le encuadernen los libros. Se le olvidó al señor director que el  Departamento de Encuadernación es el  encargado de la preservación y conservación de los recursos y donde no había ninguna plaza de ilustrador, curioso verdad. ¿A quién quería sacar de la Biblioteca el señor director?

Si parecía que no rompía un plato. Nadie hubiese adivinado lo que se traía entre manos cuando llegó diciéndole a los empleados que lo más importante era que  se sintieran bien en su área de trabajo, qué poco le duró la buena intención, en poco tiempo se le salió el dictador.

Comenzó regalando 18 miembros del personal no-docente sin planificar ni medir las necesidades que conllevarían sus improvisados cambios para luego, a la cañona, realizar cambios de personal sin importarle los argumentos de los empleados para permanecer en sus actuales áreas de trabajo. Es tan insensible que piensa que los conforta  diciéndoles que son “animalitos de costumbres y pronto se les pasará el trauma del cambio”. Se le olvido al señor director que antes de regalar al personal debió de cubrir las necesidades de personal que sus improvisados cambios generarían, y aunque en Biología estaba acostumbrado a bregar con animalitos, aquí trabaja con personas.

No se vale señor director, no se puede ir por el mundo escogiendo los jóvenes y bonitos para adornar el escritorio de información de la Biblioteca General, ni diciéndoles a los que cambia que no los quiere en tal o cual área para que no se contaminen. Vaya que no es elegante el señor director. Mire que todos conocen su pasado de discriminador y alguien dará el primer paso poniéndole una demanda por discriminación.

Para ponerle el muñequito a la tarta que el señor director tiene en la Biblioteca, se mete a perjudicar a los estudiantes a jornal. ¿No era el señor director de la teoría de que los estudiantes debían sentirse dueños de la Biblioteca? Entonces, ¿no es una contradicción la cantidad de estudiantes jornales que despidió? Estudiantes a jornal con tanta necesidad económica. Sabrá el Consejo de Estudiantes que con el dinero que se economizó de los jornales se puso a gastar en publicaciones vistosas con información que muy bien pudo enviar por email. Nuevamente nos preguntamos, ¿no era tan tecnológico el señor director que iba a administrar la Biblioteca por email? Hagamos cuentas señor director, usted se gastó $2,800.00 en un calendario y una hoja suelta, a $6.25 la hora de trabajo del estudiante x 40 horas al mes, por 5 meses = $1,250.00 x 2 estudiantes = $2,500.00 y todavía le sobraba, señor director. ¿Dónde están sus prioridades señor director? Nos preguntamos: ¿Comprará los videojuegos y las mesas de ajedrez con el presupuesto de los estudiantes a jornal?

Se le está pasado la barca  al señor director, su ignorancia es tan atrevida que envía a los especialistas en información a buscar en Google. Parece que no sabe lo que son  base de datos de revistas profesionales. ¿Sabrá cuánto se paga por ellas? Tendrá noción que la biblioteca tiene que pagar cerca $1.5 millón en publicaciones seriadas   y es lamentable ver que se envía a buscar en Google. ¿Sabrá el señor director que los artículos profesionales revisados por expertos son una de las fuentes primarias de información para los especialistas en información? Que mal luce el señor director, pobrecito, si se le nota lo poco que ha podido aprender de la biblioteca en Google.

Realmente, en ocho meses de mala administración del señor director, solo se le puede recomendar que se compre un terrenito en “Second Life” y se dedique a crear su biblioteca virtual. En su terrenito particular podrá practicar su nuevo pasatiempo como decorador de interiores y no tendrá que eliminar los libros en papel que tanto le parecen molestar. Puede limitar en ese mundo virtual el acceso solo a las bibliotecarias jóvenes y bonitas y tal vez, si no lo visitan muchos profesionales de la información, nadie notará lo grande que le quedó la Biblioteca General.  Bueno, tal vez el señor director no sabe lo que es “Second Life”, pero no se preocupe, en Google, su principal fuente de información, en ese recurso que está a su nivel intelectual seguramente encontrará información.

¿Qué espera para irse, señor director?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

He leído este escrito y tengo que confesar que golpea el clavo en sus planteamientos. Cuando el 8 de enero de 2008 el Sr. Director llegó declaro que me sentí satifecho y en cierta manera aliviado al saber que finalmente la administración universitaria finalmente había tomado su decisión. Pensé que era justo darle un espacio razonable y considerable para que se manifestara y diera lecciones de buena, juiciosa, sabia, prudente e inteligente administración. Cual no ha sido mi decepción en grado superlativo. Tiene a su disposición un contigente de docentes pensantes y dispuestos a colaborar en el mejoramiento de nuestra institución; pero por lo visto ha optado por decidir "motu propio" y/o con un gropúsculo de personas que aparentemente no quieren ni aprecian mucho ni nuestra noble institución ni a su personal docente bibliotecario. Ponga cuidado de donde vienen sus consejos, no todos son bien intencionados. Un administrador que antepone todas sus decisiones con un signo de dólares y una métrica afanosamente monetaria, pierde de perspectiva que el factor socio-humanístico (tan vital e importante) se diluye, se disuelve, se desintegra. Consultar, compartir, dialogar (con honestidad, valía y sentido; no como un mero formulismo ni agüaje para salir del paso) vale más que 1 millón de dólares. Mucho se puede lograr de su personal sin invertir ni un centavo. La muy famosa "Inteligencia Emocional" es gratis; pero hay que cultivarla. A lo mejor el Sr. Director al ser experto en biología tal vez se le hace un poco difícil manejar el concepto; en su propio idioma y/o óptica tal vez si aplica los resultados Pavlovianos; si toca la campana correcta y atinadamente comenzaremos a salivar de gusto y satistacción (reflejo condicionado). La "Campana" está en sus manos... Usela con sapiencia y sabiduría.

Dissapointed at you...

Anónimo dijo...

Esto es una pieza literaria que describe muy bien la situación actual de la Biblioteca del RUM y el sentir de muchos bibliotecarios. El señor director debe renunciar a su puesto cuanto antes, no solo por los señalamientos del escrito, sino también por la paz laboral dentro de la Biblioteca y por el bien del Recinto. Auguro que las descabelladas ideas del señor director y su evidente ineptitud como administrador, pondrán en peligro la acreditación misma del Recinto y sus programas académicos. Mientras la administración universitaria siga ignorando el gran problema que representa este señor, creyendo equivocadamente que se trata de un pequeño grupo de bibliotecarios rebeldes, el problema seguirá creciendo en tamaño y en complejidad. Es hora de actuar. No pospongan más lo inevitable. ¿Que espera la administración del Recinto para despedir al señor director?

Anónimo dijo...

Pregunto ¿este señor sigue instrucciones de la Dra. Mildred Chaparro su Jefa y el señor Rector?

o actua por capricho propio....

Anónimo dijo...

Como buen subalterno, el señor director tiene que seguir las instrucciones de su jefa inmediata, la Decana de Asuntos Académicos, de acuerdo a la agenda y los objetivos del plan establecido de antemano por ésta y el Rector. Por eso goza del total respaldo y confianza de la administración universitaria. El señor director también recibe instrucciones (como si fuera subalterno) de su oficial ejecutivo, un ignorante analfabeta que funge como su asesor estrella o mano derecha. En adición, el señor director tiene una inventiva muy grande, que raya en la ciencia ficción. Opera en un planeta muy diferente al nuestro. Este trasfondo explica, en parte, el por qué las cosas están como están en la Biblioteca del RUM y, si el señor director continúa en el puesto, el por qué seguirán empeorando las cosas. Es tiempo que la administración del RUM extirpe este cáncer que destruye estrepitosamente a la Biblioteca y también la moral del personal. Señor director, retírese con dignindad.

Anónimo dijo...

Jamás pensé que cuando entrara a la Biblioteca me iba a espantar. Tal vez su director entendio que hacia lo mejor. Pero la realidad es que al que quiere ir a estudiar, en un sitio tranquilo, ya no puede ir a la Biblioteca Generlal del RUM. Antes(ambiente de universidad), Ahora(una High School)y
Siempre(confio en el buen juicio de algún Colegial y espero que lo arreglen)