… y ahora, quien podrá ayudar a él doctor.

Se le acabo el tiempo.

Bendito… el ilustre doctor no encuentra  como arreglar el desorden que tiene en la Biblioteca. Si él solito convirtió la Biblioteca en lo que querían sus hijitos, el no era el que “sabía” lo que querían los nenes. Ya lo predijo una bibliotecaria hace tiempo cuando llegó el doctorcito con sus inventos mal planificados “ese viene con la teoría de la teta, que generación X ni generación Z, si lo que falta es que nos pida que a los estudiante les demos la teta”.

Ahora, el pobre diablo parece que no puede más, está como “cucaracha en baile de gallina”. Los estudiantes, esos que según el tenían que ser los dueños de la biblioteca, se están  quejando por el ruido y el desorden. Mire que se lo advirtieron, pero como eran los bibliotecarios y usted se supone sabía más. ja ja ja... 

El doctorcito como siempre, haciendo el aguaje, para llenar el expediente y decir que consulta al personal reúne a los Bibliotecarios para que le resuelvan el problema.

Resuélvalo solito, si fue usted solito el que creo el problema. Mejor aún, pídale consejo a las cuatro focas tercermundistas que le ríen las gracias. Hoy lunes 29 de septiembre se evidenció nuevamente su falta de capacidad administrativa y más aún su compromiso con su equipo de trabajo.  ¡Quién siembra vientos, cosecha tempestades! Se la acabo el tiempo, al doctor.

 

1 comentario:

Anónimo dijo...

En la reunión del personal bibliotecario de hoy lunes, 29 de septiembre, convocada por el director, se evidenció, fuera de toda duda, el malestar tan generalizado que existe en la Biblioteca en contra de las ejecutorias del director. No puede haber peor ciego que no quiera ver, ni peor sordo que no quiera oír. Hubiese sido bueno que el Rector y la Decana estuviesen presentes para que captaran personalmente el profundo malestar y coraje que siente una gran parte del personal docente y exento no docente de la Biblioteca. Como ya es habitual en estas reuniones, el director ejerció su autoridad para callar las quejas del personal y todas aquellas expresiones que no les son favorables a su gestión. No entendemos cómo se aferra a su posición, sabiendo muy bien del gran repudio que goza entre la mayoría de las personas que supervisa. Háganos el favor, renuncie y váyase a otra parte a dar fuete y a practicar sus malas destrezas de administración. Al ritmo que va, solo quedarán cenizas de lo que una vez fue biblioteca.